Inauguración: El Lenguaje del Corazón - Ezequiel Taveras (República Dominicana)

Start Date: April 18, 2017

End Date: May 5, 2017

El reverendo Martin Luther King, Jr., dijo en una oportunidad: "Existen de vez en cuando momentos de inefable satisfacción que no pueden explicarse con palabras. Su significado sólo puede articularse con el inaudible lenguaje del corazón."

Optimismo y fe en la capacidad del hombre para superar las adversidades, bellamente encapsulados en la anterior declaración, son alentadores y adecuados para prologar la exposición del artista dominicano Ezequiel Taveras, especialmente cuando consideramos el mundo desigual, dividido, odioso, casi salvaje, con el que lidiaba el Dr. King. No importa hasta qué punto el ser humano ha sido capaz de superar sus deficiencias y fallas de carácter, siempre hay suficientes para descarrilar los esfuerzos de otros por corregirlas. Charlotte Brontë ingeniosamente comparó la maleza con los prejuicios que abruman el corazón de las personas sin educación. Vincent Van Gogh, cuya vida fue un constante reto para encontrar la paz consigo mismo, fue capaz, sin embargo, de concluir que, "según avanzamos en la vida ésta se hace más difícil, pero en la lucha contra las dificultades el corazón se fortalece".

En esta exposición nos enfrentamos con la paradoja de poner en palabras una avalancha de conceptos que Taveras transforma sensiblemente en imágenes que corresponden a objetos hechos de arcilla, cuerdas y cables, componiendo un vocabulario "inaudible" que habla poética y misteriosamente de las contradicciones de la vida y el mundo desproporcionadamente desequilibrado que el hombre ha creado, pero también de la capacidad de resistencia del espíritu humano: "El trabajo de un hombre no es más que una caminata lenta para redescubrir, a través de los desvíos del arte, las dos o tres grandes y simples imágenes ante cuya presencia el corazón se abrió por primera vez", nos recuerda Albert Camus.

A través de la historia -las partes que de ella conocemos- los seres humanos han asignado un papel sin precedentes al corazón, antes del desarrollo de la ciencia y otras disciplinas afines. De todos los delicados órganos que estructuran la compleja fisiología del cuerpo, el corazón -más que el cerebro- ha desconcertado la curiosidad, ocupando una posición de enorme importancia en el desarrollo de la civilización, con implicaciones físicas y metafísicas.

En el lenguaje bíblico del judaísmo, el corazón es el asiento de la fuerza de la vida, pero el hebreo ve lo corporal y lo espiritual como una unidad, no separada, y cuando habla del corazón se refiere al centro del hombre.

Platón consideraba importante escuchar la voz del corazón puesto que todos los componentes sensibles del cuerpo responden a aquél.

Para los antiguos egipcios el corazón era el núcleo de la conciencia moral del hombre y por esa razón debía ser juzgado antes de autorizar el paso al inframundo. Era el único órgano interno que permanecía en el cuerpo durante el proceso de momificación, asegurándose de que quedaba protegido de dar a conocer sus pecados, lo cual ponía en peligro el derecho a la vida eterna.

En muchas culturas antiguas los soldados comían el corazón de sus enemigos como una forma de apropiación de su valor y su espíritu.

El corazón aparece también en Mesoamérica en cruentas representaciones de sacrificio, a menudo tallado en piedra, como oferta al Dios Sol. Para los mayas, Hunab Ku era el centro de la galaxia y el tiempo, el corazón y la mente del creador. Para los aztecas el corazón representaba el movimiento, el nudo que une el espíritu a la materia y el alma a las herramientas. En su cosmovisión, el corazón era el testimonio de los hombres en su incesante deambular.

Hay muchos paralelos entre la relación intrínseca del corazón físico y la esencia de la vida o el espíritu, y algunos vienen a la mente en el presente momento histórico del cual somos testigos, sometidos –otra vez– a un mundo desigual, dividido, odioso, y casi salvaje. Cuando muchos de nosotros creíamos que después de tanta lucha las injusticias del pasado estaban finalmente expiadas, sectores enteros de la humanidad y sus líderes continúan sujetos a enjuiciamiento, despojo de la dignidad, y el derecho a vivir y trabajar en paz.

El corazón se ha convertido en más que un símbolo y mucho más que en un concepto: es un vehículo que con frecuencia derrota a la razón para entender lo que es abstracto; es un recipiente que contiene la vida, las emociones, los sentimientos más profundos, y por qué no, nuestro Dios, cualquiera que sea. Taveras es un expresionista y un romántico, no en los mismos términos que las escuelas que conocemos como tal en la historia del arte han establecido, sino más bien como una cuestión de temperamento, a pesar de su aparente contradicción. Desde esta perspectiva su obra se asocia con el impacto que la Transvanguardia europea tuvo en América Latina durante la década del 90, pero más importante, con los artistas que asumieron a modo personal el reto de sincretizar su influencia. Desde este punto de vista Taveras es uno de los artistas más relevantes de la República Dominicana a partir de ese momento y uno de los pocos a nivel hemisférico que se alinea con el grupo más original que trabaja el medio cerámico, entre quienes se destacan figuras notables como el peruano Carlos Runcie Tanaka. Uno de los aspectos más importantes de la obra de Taveras es el diálogo que logra generar visualmente con el espectador, no por razón de artificios literarios como ocurre con frecuencia con el arte conceptual, sino por la poética de gran alcance que acarrea gracias a la sensualidad en el manejo de los materiales y el ingenio que demuestra en la articulación del sentimiento, asociándolos con la tragedia humana y la posibilidad de trascenderla, dado que inevitablemente la tragedia se ha convertido en una ocurrencia diaria, ferozmente inducida en nuestras vidas. Taveras demuestra su propia claridad cuando, con palabras propias dice: "Creo que mi trabajo se apoya en el uso de símbolos, pero las imágenes que uso exceden en muchos casos las cualidades del símbolo en sí mismo. Mis corazones conservan, como en muchas de nuestras culturas primitivas, las cualidades abstractas extrapoladas más allá de su condición física. En mi trabajo, el corazón se convierte en un leitmotiv que mantiene la posesión de múltiples características por delante de sus propiedades físicas, y el icono gráfico trivializado y simplificado a que nos han acostumbrado a ver." Las palabras de Zelda Fitzgerald sirven como pausa y previo aviso de los muchos viajes que podemos emprender frente a la obra de Ezequiel Taveras: "Jamás nadie ha medido, ni siquiera los poetas, cuánto puede aguantar el corazón".